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Más de 10 años para la entrega de sus pisos

Actualizado 03/07/2005
5641 lecturas acumuladas
1  mensaje
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Fecha
dic.-2003
4 mens.
Usuario Circunstancial
03/07/2005 23:06
Permitidme que copie aquí un artículo extraído de El Mundo, que refleja muy bien la situación de los nuevos desarrollos urbanísticos. Algunos, como yo, hemos desistido, perdiendo muchas ilusiones y dinero.

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MILES DE VECINOS DE LOS NUEVOS DESARROLLOS DEL ESTE ESPERARÁN AÑOS HASTA PODER ACCEDER A SUS VIVIENDAS. LA MAYORÍA COMPRÓ SU PISO DE PROTECCIÓN EN RÉGIMEN DE COOPERATIVA

RAQUEL VILLAÉCIJA

La ilusión que supone la compra de una casa se ha convertido en una auténtica pesadilla para muchos de los futuros vecinos de los nuevos desarrollos de Madrid. Primero fueron los vecinos de los PAU del norte, luego los de Carabanchel y el Ensanche de Vallecas y ahora son los nuevos ´inquilinos´ de los desarrollos del este de Madrid los que padecen la eterna espera en la entrega de sus hogares.

Estas personas compraron su vivienda hace años y, aunque esperaban poder entrar a vivir en el plazo de uno o dos años, han visto como las fechas de entrega se han ido alejando cada vez más en el tiempo.

Los desarrollos del este de Madrid, que empezaron a idearse en 1995, comprenden cinco barrios -El Cañaveral, Los Ahijones, Los Berrocales, Los Cerros y Valdecarros-, en los que está prevista la construcción de cerca de 114.000 viviendas. En El Cañaveral, que es el desarrollo que está más avanzado, aún no han comenzado las obras de urbanización, aunque ya están aprobadas.

La mayoría de los afectados por los retrasos compraron su casa en régimen de cooperativa. Esta fórmula de compra, promueve el 70% de las viviendas protegidas que se desarrolla en Madrid.

Aunque el tiempo que transcurre desde que se forma una cooperativa hasta que se entregan las viviendas a sus respectivos compradores está en torno a los tres años de media, en la práctica estos tiempos suelen prolongarse entre cuatro y siete años más en caso de que haya que comprar suelo o de que éste no sea urbanizable.

La lentitud en la tramitación y obtención de las licencias y la complejidad del funcionamiento de las cooperativas, donde son los propios compradores los que gestionan el suelo y el proceso de construcción, son algunas de las causas de los retrasos.

Mientras llegan sus viviendas ´fantasma´, muchos afectados se ven obligados a seguir viviendo en casa de sus padres. Otros buscan fórmulas alternativas de independencia, como simultanear el pago de su piso con el de una vivienda de alquiler.

Alberto decidió comprarse una casa en el año 2000. Se apuntó a una cooperativa para poder acceder a una vivienda de protección en Ahijones, en el este de Madrid. Aunque esperaba haber ocupado su piso la pasada primavera, este momento no llegará hasta, como mínimo, dentro de otros cinco años. En total, más de una década de espera.

El caso de Alberto no es el único. Cerca de 15.000 personas que, como él, adquirieron una vivienda en régimen de cooperativa en los desarrollos del sureste de Madrid sufren la misma situación: la espera durante años de un hogar que nunca llega.

Este proyecto comprende cinco nuevos barrios: El Cañaveral, Los Ahijones, Los Cerros, Los Berrocales y Valdecarros. En sus 3.600 hectáreas se construirán alrededor de 114.000 casas. Esta iniciativa urbanística comenzó a proyectarse en 1995 y, aunque muchos vecinos ya empezaron a comprar en el 2000, aún no se han podido mudar a su nueva casa.

La espera tiene visos de continuar varios años, pues en El Cañaveral, que es el desarrollo que se encuentra más avanzado, ni siquiera han comenzado las obras de urbanización. La complejidad de las propias cooperativas, que promueven la mayoría de las viviendas de protección que se llevan a cabo en estos desarrollos, y la lentitud en la tramitación son los principales causantes de estos retrasos.


Problemas en los PAU

La experiencia no es nueva: ya se ha repetido con anterioridad en los grandes desarrollos de la Comunidad de Madrid. Así, muchos vecinos del Ensanche de Vallecas, del PAU de Carabanchel o de los desarrollos de Sanchinarro y Las Tablas ya sufrieron esperas similares en la entrega de sus casas.

En los PAU del norte algunos siguen viviendo su ´pesadilla´ particular. Es el caso de Fernando, que compró su piso en Sanchinarro en 1998. Siete años después, todavía sigue esperando. «Si hubiera sabido lo que iba a pasar no me hubiera metido en esto. Y por mi experiencia, desde luego, no le recomiendo a nadie que se embarque en un proyecto similar», dice.

Al igual que Alberto y Fernando, muchos jóvenes eligieron esta fórmula para poder emanciparse. En Madrid, el 70% de las viviendas de protección y entre el 10% y el 15% de las libres se promueven a través de esta modalidad, según datos de la Asociación de Empresas Gestoras de Cooperativas y Proyectos Inmobiliarios (Gecopi).

Esta opción supone un ahorro en la adquisición de la vivienda del 20% al 40%, según datos de la Confederación de Cooperativas de Vivienda (Concovi). «Los cooperativistas adquieren su piso a precio de coste: ellos compran el terreno, lo gestionan y pagan la construcción de las casas, mientras el promotor lo vende al máximo precio posible», señala Jaime Oñate, asesor jurídico de la agrupación.

Por ello, los jóvenes y familias que no pueden pagar una vivienda en el mercado libre eligen esta forma de compra, pues les permite obtener un hogar casi a mitad de precio. Este beneficio en el pago tiene un coste temporal, que, en algunas ocasiones, provoca que se eleve la cuantía inicial del piso.

«El coste de mi casa, de precio tasado, estaba establecido en 108.182 euros. Eso era al principio, porque con el paso del tiempo ha subido el precio del módulo y se han añadido derramas extraordinarias. Hoy mi casa cuesta 60.100 euros más, por lo que ya no es tan asequible como pensaba», señala Fernando.

Al ver que el ansiado piso no llega nunca, muchos vecinos de los futuros desarrollos han tenido que buscar opciones alternativas: seguir viviendo en casa de los padres, simultanear alquiler y compra, abandonar la cooperativa...

Fernando, por ejemplo, no sólo sigue pagando religiosamente su vivienda ´fantasma´, sino que también tiene que abonar cada mes la renta de su hogar temporal. «Llega una edad en la que quieres independizarte y yo no podía esperar a que me dieran la casa, porque tampoco sé cuándo llegará ese momento», dice.

A Alberto, por su parte, no le queda más remedio que seguir viviendo con sus padres, a pesar de que, con sus 34 años, ya tiene ganas de vivir solo. En el caso de Juan Pablo, que comenzó a pagar su casa, ubicada en El Cañaveral, en el año 1998, mientras espera que se la entreguen, vive de alquiler en un piso de 35 metros cuadrados con su mujer y sus dos hijos.

«Tampoco puedes irte de la cooperativa porque, aunque te devuelven todo el dinero que has invertido, pierdes el derecho a la vivienda y yo por los 84.142 euros que cuesta la mía hoy no encuentro nada en el mercado», dice Alberto.

Las desgravaciones por compra de vivienda es otro problema con el que se topan muchos socios de cooperativas. «Tienes derecho a cuatro años de desgravación y después a una prórroga por no consecución de la obra, pero pasado este tiempo Hacienda te penaliza», señala Alberto.

Fernando ha pagado ya nueve millones de pesetas y sabe que pronto tendrá ´problemas´ con Hacienda. «Tenía abierta una cuenta vivienda y como la cosa se estaba retrasando pedí una prórroga que acaba el año que viene, lo que significa que si no escrituro una casa no podré beneficiarme de las desgravaciones», añade.


Causas de los retrasos

Ante esta historia que se repite, la pregunta del millón es si resulta imposible poner remedio a este tipo de situaciones y si, en el futuro, los desarrollos inmobiliarios seguirán unidos a esta problemática.

La causa principal, a juicio de Gerardo Mochales, director de ´marketing´ de Aguirre Newman, es que el proceso en la adquisición de una casa en régimen de cooperativa es mucho más largo. «Las tramitación son complejas porque hay más agentes implicados -cooperativistas, gestoras de cooperativas, promotoras...- y algunas veces se diluyen las responsabilidades», señala.

El tiempo que pasa desde que una cooperativa adquiere suelo hasta que se entregan las llaves de las casas suele ser de entre 30 y 33 meses, siete u ocho más que cuando se compra un inmueble a una promotora, «siempre y cuando el suelo que se va a comprar no tenga problemas y sea urbanizable», señalan desde Aguirre Newman.

Esto es sólo en teoría. Aunque las cooperativas normalmente se constituyen sobre un suelo que ya está acordado, a veces no tienen comprado el terreno. Esto demora mucho el proceso. «La obtención de suelo es el elemento más difícil y depende de la agilidad de las administraciones», señala Fernando Abad desde Gecopi.

Si el terreno donde se va a construir no se encuentra urbanizado, el periodo de espera puede alargarse hasta siete años -cuatro años para urbanizar y otros tres en edificar- y hasta 10 si no está aprobado el plan parcial de la zona. «La tramitación de este proyecto suele tardar un par de años, aunque depende de los ayuntamientos», señala Jaime Oñate, de Concovi.

«Son los propios cooperativistas los que controlan, a través de su gestora, todo el proceso de compra de suelo y construcción de las casas, por lo que éste se hace inevitablemente más largo. Además, la escrituración del terreno también es complicada porque hay más titulares», en opinión de Abad.

En otros casos los retrasos inherentes a la compra en régimen de cooperativa coinciden con grandes operaciones urbanísticas. «Éstas retrasan los trámites pues se tarda más en aprobar los planes parciales de los desarrollos porque hay que insertarlos dentro del plan general de la zona, en el que tienen mucho peso este tipo de operaciones», señala Mochales.

Los compradores achacan los retrasos a la falta de agilidad en la tramitación de las licencias por parte de la correspondientes administraciones o a la «deficiente» labor de las gestoras. En el Ayuntamiento señalan que los plazos del proceso «son los que están establecidos y publicados».

Por su parte, las asociaciones de cooperativas y gestoras coinciden en la importancia de que la gente, antes de comprar un piso, se informe de en qué estado se encuentra el proceso de desarrollo, si se cuenta ya con el suelo o hay que comprarlo, si el terreno está urbanizado... Mientras, los afectados reclaman que sus casos se solucionen y que en un futuro no se vuelvan a repetir.






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El riesgo de adquirir sin ver

A la hora de adquirir una vivienda, la mayoría de los españoles -entre el 80% y el 90%- se decanta por la compra sobre plano. Una opción que permite hacerse con una propiedad más barata y no precisa contar con grandes ahorros, ya que los pagos se realizan en un periodo más espaciado de tiempo y por lo tanto son menores que cuando se compra llave en mano o vivienda usada.

Casi todos los ciudadanos que emplean esta fórmula para adquirir su hogar se dirigen a promotoras inmobiliarias y sólo una minoría -entre un 1% y un 2%, según Aguirre Newman- se asocia para constituir una cooperativa.

Esta fórmula «cada vez más residual» entraña más riesgos, pues los plazos de demora en la entrega de llaves son más largos, mientras que en el caso de las promotoras los retrasos no suelen ser superiores a dos meses sobre la fecha de entrega pactada.

La Asociación de Consumidores y Usuarios advierte en este sentido que, desde el punto de vista jurídico, el socio de una cooperativa «no es un comprador normal sino más bien un promotor». Por ello, los miembros de estas agrupaciones «deben hacer un seguimiento cercano de la construcción» y así evitar desagradables sorpresas.

«Las cooperativas constituyen una buena fórmula para hacerse con una vivienda barata, pero obviamente tienen sus inconvenientes, como que, mientras que una promotora suele tardar dos años desde que comercializa la vivienda hasta que entrega las llaves a su propietario, con las cooperativas no se dan estos plazos», señalan fuentes del sector.

En cualquier caso, tanto si se compra a una promotora como a través de una cooperativa, empresas del sector y organizaciones de consumidores recomiendan tomar una serie de precauciones, ya que, al no poder comprobar ´in situ´ el estado de la vivienda, los riesgos son mayores.


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