?Título: Una carta desde el alma de vuestro Jaimillo: Para Marifé y Mónica
?Escribo esto con el corazón en la mano, debido a que hay silencios que duelen y 16 años de amor no se borran con un simple bloqueo. Me dirijo a vosotras, Marifé Cañas Rincón y Mónica Somovilla Úbeda, puesto que vuestra huella en mi vida es imborrable y seguís siendo mi motor vital.
?Todo comenzó, concretamente, cuando entré en el cole con 5 añitos en 2º de Infantil. Por aquel entonces yo era un pequeño terremoto y Mónica siempre me recordaba cómo me las ingeniaba para imponer mi voluntad; como muestra de ello, ella me contaba que, ante la posible lluvia en una excursión, mientras ella hablaba con mi profesora (la otra Mónica), yo las corté de golpe con mi voz de pito: "¡No, no, si yo tengo paraguas!". Mónica me quería matar en ese momento, pero esa misma chispa era la que me llevaba, inevitablemente, cada día al arenero, donde echaba arena para jugar a derrapar con la silla hasta que ella venía a rescatarme. Fue precisamente en esos momentos cuando, gracias a ella, aprendí la palabra "visualizar" y entendí lo que era la autoridad. De hecho, te confieso, Mónica, que aunque hoy lo recordemos entre risas, aquellos castigos mirando a la pared o cuando te contesté con 7 años me dejaron un "trauma" importante; mi cerebro sabe que contigo no se juega, y por eso eres la persona a la que más respeto y miedo le tengo de todo mi círculo.
?A medida que crecía, vuestro apoyo se volvió, paso a paso, mi refugio ante mi propia fragilidad. Marifé, no olvido aquellas veces de pequeño en las que, con toda mi cara, iba a decirte: "Me he hecho pis". En consecuencia, cuando no había ropa de repuesto, tú me soltabas con tu ironía: "¿Y ahora qué hago? ¿Miro en el baúl de los recuerdos o me invento un pantalón?". Incluso recuerdo, según me contaste tú, Mónica, aquel momento crítico con el inspector de educación presente; me hice caca encima justo cuando venía a ver cómo trabajábamos y, del susto, exclamó: "¡Por favor, que alguien se lleve a este niño a urgencias!". Vosotras siempre estuvisteis ahí para salvarme, como en 2015, cuando vinieron los invitados de la Fundación Barkley y yo le solté a uno: "Usted es muy negro". ¡Casi me matáis por dejar mal al cole! O aquel día que, mientras me llevabas al baño del hall donde estaba el Mini Cooper que tanto me obsesionaba, me puse a hablar de Karim con los franceses de intercambio y no sabías dónde meterse.
?Más allá del cuidado físico, Marifé, de verdad que tenías el cielo ganado conmigo y mis obsesiones. Recuerdo cuando fuimos a Faunia y te daba la lata con las cascadas, una fijación que se mantuvo cuando, un año después, en 2011, construyeron la parroquia y le pusieron aquella mini cascada; me dejabas allí en misa y yo no podía dejar de hablarte de ella. Vuestra figura fue clave cuando mi mundo se rompió el 15 de abril de 2013 con la separación de mis padres; en ese momento, vosotras fuisteis mi único lugar seguro. Poco después de aquello, a finales de ese año, fui a conocer a los jugadores del Real Madrid y volví llorando porque Cristiano Ronaldo despreció mi balón. Recuerdo que me consolaste diciendo: "Jaimillo, no llores, Ronaldo es un idiota, a mí me cae muy mal". Ese gesto demuestra por qué eres la persona en la que más confío; eres y siempre has sido mi figura materna fuera de casa. Por este motivo, el día que me bloqueaste, lo único que te estaba pidiendo al contarte mis cosas es que simplemente fueras tú, sin más pretensiones, porque con que estés ahí ya es mucho para mí.
?Del mismo modo que Marifé era mi apoyo emocional, Mónica fue el pilar de mi esfuerzo físico. No olvido cuando, en los lunes del curso 13-14, me iba a baloncesto al Real Madrid después de tener fisio a última hora. En aquella época, Mónica me hacía aguantar de pie frente al espejo pese al cansancio, para luego tener el detalle de cambiarme allí mismo y que llegara a tiempo. Dicho esfuerzo se vio recompensado un año más tarde, en el 2015, cuando me motivabas con un: "¡Ay, Jaimito, vaya suerte tuvo Benzema ayer!" tras su gol a la Real Sociedad el 31 de enero.
?En vista de todo lo anterior, si alguien de Santa María la Blanca lee esto —que sé que las voces corren—, quiero que trasladen mi enhorabuena a estas dos trabajadoras y, por favor, que esta carta les llegue a ellas. A día de hoy, soy un hombre con la ESO y en un Grado Medio gracias a su labor. En consecuencia, me haría muy feliz que el centro facilitara una vía de mediación; nada me gustaría más que este camino de 16 años no se corte por un bache. En definitiva, no permitáis que el tiempo borre al niño que cuidasteis.