Fui a tomar el aperitvo un sábado al poco de abrir. Nos tomamos dos cañas… y de aperitivo nos pusieron un triste revoltillo de cacahuetes y kikos... pobre, no, lo siguiente. Eran casi las 2 así que no entiendo que no tuvieran nada mejor. Pero oh sorpresa, cuando nos quedaba media cerveza salieron de cocina unas empanadillas pequeñitas. Mi hijo (3 años) que estaba en la sala de juegos casualmente vino a vernos a la barra y vio las empanadillas y nos dijo que quería empanadillas. Yo daba por hecho que a los que nos habían “obsequiado” con esos tristes cacahuetes nos ofecerían una empanadilla. No fue así. Así que mi hijo (educadito él) le pidió a la camarera “una empanadilla por favor”. Y sí, la camarera le dió UNA empanadilla a él y listo, nada a los demás, ni a nosotros ni al resto de gente que seguíamos con los resabiados cacahuetes. Sinceramente me pareció bastante mal detalle y más en un local que acaba de abrir.
Respecto a la sala de juegos la idea es buena, aunque temo que si no se cuida un poco quede destrozada en poco tiempo, ojalá me quivoque