En prácticamente cualquier municipio o barrio existen recintos y equipamientos de estas características, y forman parte de la convivencia habitual de una zona residencial.
Lo que resulta llamativo es que cualquier actividad o equipamiento parece generar siempre algún motivo de queja: cuando no es un recinto ferial, es un bar; cuando no, un parque infantil con niños jugando; o un colegio, con el consiguiente movimiento de vehículos y, en ocasiones, aparcamientos en doble fila.
En este sentido, cabe preguntarse si la construcción de un campo de fútbol no va a generar igualmente ruido y gritos, especialmente durante los fines de semana y días festivos, cuando previsiblemente se disputarán partidos a primera hora. Nadie se ha quejado...
Del mismo modo, sería razonable plantearse si las torres de iluminación previstas para el campo pueden generar molestias por deslumbramiento o contaminación lumínica para las viviendas próximas.
Creo que, si hablamos de convivencia y de posibles molestias, lo razonable es valorar todos estos aspectos de forma objetiva y aplicar el mismo criterio a cualquier equipamiento o actividad que se desarrolle en el barrio.