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Articulo la fiebre del cambio de casa

Actualizado 17/09/2005
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1  mensaje
Autor
Tema
Fecha
jul.-2003
3724 mens.
Usuario Asiduo
17/09/2005 00:10
Buemo os pongo este articulo , que es curioso y bien refleja lo que le pasa o podria pasar a muchos de nosotros por los motivos de cambio de vivienda, saludos

http://www.elmundo.es/suplementos/suvivienda/2005/409//1126821606.html

Es posible que a nadie le extrañe que una familia abandone su tradicional utilitario para adquirir un monovolumen e, incluso, que después de su monovolumen, si las cosas van bien, sea propietaria de un fantástico todoterreno de alguna de las marcas de lujo. Cambiar de coche viene siendo, ya desde hace tiempo, una práctica habitual y un símbolo de que las cosas van bien. Lo que hasta ahora no era tan habitual es que este fenómeno se diese con la casa en la que se reside.

Pues bien, parece que éste es uno más de los múltiples efectos del ´boom´. El marco propicio que este fenómeno ha creado -con tipos de interés mínimos, revalorizaciones millonarias de los inmuebles y una gran variedad y cantidad de oferta- ha impulsado a los españoles a una especie de fiebre por cambiar su casa por otra mejor o que se adapte a las necesidades de ese momento, y así sucesivamente.

No es difícil encontrar hoy en día a un joven de unos 30 años que lleve ya dos adquisiciones e, incluso, que esté pensando en una tercera, como es el caso de Esther, una madrileña de 31 años. «La primera tenía 30 metros cuadrados, la segunda más de 100 ; ahora busco un chalé fuera de la capital», explica. Y también se puede encontrar quien habita actualmente en su quinta vivienda, como Rafa, todas en la Comunidad de Madrid. «He ido buscando la proximidad al trabajo y que se adapte a lo que la familia necesitaba en ese momento», señala.

El cambio de la composición de la familia, la búsqueda de la proximidad al trabajo o, simplemente, el deseo de tener cada vez una casa de mejor calidad o con más dotaciones son suficientes para dejar a un lado la pereza de una mudanza y poner rumbo al nuevo hogar. Pero no sólo se pasa por alto el ´handicap´ de la mudanza ; tampoco es impedimento para los propietarios el hecho de que tengan que hipotecarse cada vez mucho más, o que deban abandonar las preferencias de ubicación con tal de que el inmueble sea el deseado. Como señala el sociólogo Carlos Lles, adquirir una casa mejor «es la forma actual de tener más riqueza».

Eso sí, no todos pueden embarcarse en esta costosa práctica, «que se ciñe prácticamente a la clase media, media-alta», según señala Lles. Está claro que al menos es preciso poseer un inmueble para iniciar el ´ascenso´. A partir de ahí, con mayor o menor esfuerzo, cada vez son más los que se mueven. Otras muchas familias, de cónyuges mayores, observan este fenómeno bajo el mismo techo en el que han pasado toda su vida.

Rafa tiene 53 años y lleva prácticamente toda la vida residiendo en Madrid. En cambio, si tuviera que hablarnos del barrio en el que ha pasado todo este tiempo tendría que referirse a nada menos que cinco lugares distintos dentro de la región: Ciudad Universitaria, el municipio de Majadahonda, Arturo Soria, Aravaca y, finalmente, el barrio de Salamanca, donde se ubica su hogar en la actualidad.

En todas estas zonas, Rafa ha tenido durante un tiempo una vivienda en propiedad. La operación siempre ha sido la misma: comprar una casa mediante una hipoteca, venderla a mejor precio —«casi siempre doblando el valor pagado», explica— y adquirir otra más cara utilizando la revalorización de la anterior, contrayendo a su vez una nueva hipoteca por el dinero que le falta, y así hasta cuatro veces.

El motivo de esta fiebre por cambiar de casa está igual de claro que el proceso que se sigue. No es otro que conseguir una vivienda cada vez mejor, adaptada en cada momento a la composición y las necesidades de la familia y ubicada en la zona deseada. Este movimiento que a muchos ciudadanos les puede producir mareo, sobre todo a los mayores que, por lo general, se han pasado toda la vida en el mismo hogar, no es un caso puntual. Quizás Rafa se haya adelantado unos años en una práctica que hoy en día es más que habitual en el mercado inmobiliario. «Más del 50% de las ventas de pisos se realiza a gente que ya posee una casa pero que la cambia por otra mejor o adaptada a sus necesidades puntuales», explica José Luis Ostiz, de la franquicia inmobiliaria Look & Find del barrio de Salamanca. Y tal vez no todos lleguen hasta cinco casas en propiedad, pero quien más o quien menos, a partir de determinada edad y dentro de un nivel adquisitivo, ha pasado al menos por dos y, posiblemente, esté pensando en la tercera.

Es el caso de Esther, que con tan sólo 31 años ya ha realizado dos operaciones de adquisición, «un piso de 30 metros cuadrados, de soltera, y otro de más de 100, para compartir con mi pareja», y ya lleva un tiempo buscando un chalé, con más espacio y mejor preparado para aumentar la familia. «Por supuesto bastante alejado de la ciudad, que es la única forma de poder pagarlo, y aún así nos está resultando difícil», apunta Esther.

Detrás de este fenómeno, además de motivos individuales, existen causas coyunturales comunes. Para explicarlas, el profesor de Sociología Urbana de la Universidad Carlos III de Madrid, Carlos Lles, parte de la situación opuesta que se daba hace 15 años. «Hacia comienzos de la década de los 90, a través de una encuesta sobre la demanda se detectó que existía un malestar residencial, es decir, muchos ciudadanos querían cambiar de casa pero les resultaba imposible hacerlo».

Esta necesidad de cambio estaba relacionada con la transformación en la composición de la familia y la sociedad española, según Lles. En otras ocasiones, también tenía que ver con la inadecuación entre la composición de la familia y el piso que ocupaban, «por ejemplo hogares preparados para familias de cinco miembros, con cuatro habitaciones, pero que en ese momento sólo estaban siendo ocupados por los padres, puesto que los hijos habían salido fuera a estudiar o trabajar». Finalmente se daba el caso de gente que había mejorado su estatus: su riqueza había aumentado pero continuaba viviendo en la misma casa.

Con todos estos ingredientes se llega al nacimiento del boom inmobiliario, hacia 1997. «En ese momento se empiezan a revalorizar los inmuebles que ocupan las familias, los tipos de interés son muy bajos y existe una amplia y variada oferta de vivienda, lo que implica que muchas familias puedan vender su piso y mudarse a un adosado hipotecando la diferencia. Así, se pasa del malestar residencial al bienestar», explica Lles.

El impulso del «boom»

El sociólogo puntualiza que tampoco es algo que toda la sociedad pueda hacer, sólo los que tienen patrimonio, es decir, un piso ya en propiedad. «El fenómeno se circunscribe a la clase media y media-alta».

A esta población el boom le permitió —y le sigue permitiendo hoy en día— acceder a la vivienda que realmente deseaba ; pero, eso sí, no sin cierto sacrificio. Los propietarios muchas veces con tal de conseguir el cambio se endeudan hasta el límite de sus posibilidades. También es habitual que tengan que olvidarse de sus preferencias en cuanto a la ubicación de la nueva residencia.

«Yo compré la primera casa por 60.000 euros y la vendí por 150.000 euros, lo que me facilitó dar el salto a un piso mucho más grande, eso sí, hipotecándome con una letra mensual el doble que la anterior», cuenta Esther. Esta joven pretende ahora vender su actual casa por unos 288.000 euros, para pasar a un chalé de ese precio más o menos, «para ello, como muy cerca, nos tendremos que ir a Azuqueca de Henares», aclara.

La intención de realizar esta segunda operación de compraventa es para Esther una necesidad. «Aunque tenemos metros de sobra para que mi pareja y yo podamos tener niños, necesitamos que la casa se ubique en una urbanización o entorno más adecuado para ellos».

Los niños también fueron la razón por la que José Antonio decidió mudarse de un chalé que poseía en una urbanización de Burgos a otro próximo. «El primero tenía demasiadas escaleras para poder vivir con el bebé». De paso, además de comprar uno de menos plantas, aprovecharon para adquirir el nuevo con mejores calidades.

Este último chalé es su tercera adquisición residencial, ya que, antes de los unifamiliares, fue propietario de un piso de soltero. ¿Pereza con tanto cambio? «Ir a mejor no cuesta, a pesar de lo incómodas que resultan las mudanzas», cuenta José Antonio.

Los hijos suelen ser uno de los principales motivos para mudarse: tanto la llegada como la emancipación de los mismos. «En Madrid, por ejemplo, primero se suele adquirir una casa pequeña, en el casco urbano. Cuando se forma una familia y se tiene un niño, se busca una más grande y además con dotaciones como piscina, jardín, etcétera, por lo que normalmente se suele ir a completas urbanizaciones a pueblos limítrofes de la capital ; si posteriormente se decide aumentar el número de hijos, es posible que de nuevo se pase a una más grande, quizás un chalé en ese mismo municipio. Y cuando los niños ya son mayores y los padres se quedan de nuevo solos, realizan el traslado al centro de la capital, a una vivienda más comedida», dice Jorge del Río, de Re/Max.

Los niños son el principal motivo pero no el único. Buscar un hogar próximo a la zona de trabajo es para algunos causa más que suficiente para moverse. «Mi primer piso, que lo compré cuando aún estaba estudiando, estaba en Ciudad Universitaria. Luego, como mi trabajo estaba en en el noroeste, me mudé a Majadahonda. Pero trasladaron la oficina de nuevo a Madrid, así que compré en Arturo Soria. Aravaca fue el siguiente destino, pero en esta ocasión no tenía el lugar de trabajo cerca, por lo que pronto se convirtió en un quebradero de cabeza ir y venir a Madrid, atascos... Así que de nuevo compré en el barrio de Salamanca, al lado de mi última oficina», cuenta Rafa.

Por supuesto, en todos estos movimientos, además de facilidad en el traslado al trabajo ha aprovechado para ir mejorando en las calidades de las viviendas.

Y es que, como señala Carlos Lles, «la vivienda es un valor de uso, pero también de cambio e inversión. La revalorización obtenida por la venta se emplea en una inversión mayor porque es la forma de tener más riqueza».






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¿Toda la vida en el mismo hogar?

Alejandro y Dori compraron su casa, en el madrileño barrio de La Elipa, en 1972. Hoy, 32 años después, el matrimonio continúa residiendo en la misma vivienda. «Empezamos a vivir en ella cuando nos casamos y aunque nuestra situación familiar ha ido cambiando, nos hemos ido adaptando», apunta Alejandro. No en vano, a los cuatro años de casados la pareja ya tenía dos hijas. «Cuando eran pequeñas no había problema, pero después cuando empezaron a estudiar, con los libros y todo, la casa se nos empezó a quedar pequeña. Además, todos los años venían los abuelos a pasar una temporada, con lo que había meses que nos juntábamos seis y esta casa no es precisamente un palacio», dice Dori. El piso tiene 60 m2. «Pero al final, nos hemos quedado los dos solos otra vez, porque nuestras dos hijas se han independizado», continúa Dori, que reconoce que «hubo una época en la que sí pensamos comprar otra casa más grande, pero al final nos fuimos apañando y ahora no se nos pasa por la cabeza. Llevamos toda la vida en el barrio y aunque ahora nuestra casa valga muchísimo más de lo que nos costó, por ese precio no encontraríamos algo mejor», concluye Alejandro. Como Alejandro y Dori, Arsenio y Petra –los dos de 80 años– llevan desde 1969 en su casa de Ventas, de 70 m2, donde han llegado a residir ocho personas. La necesidad de cambio para ellos, como para otros muchos matrimonios de su edad, no ha sido tan imperiosa o no ha sido factible. Eran otros tiempos, con otras circunstancias y otra mentalidad

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